Vivir mejor

El cáñamo tiene un efecto protector ante radiaciones electro-magnéticas.

Viviendo en un espacio construido con cáñamo, los virus, bacterias y los hongos, tienen dificultades para proliferar contribuyendo a mejorar la salud de las personas.

Al tratarse de un material transpirante, no retiene humedades, libera tanto el agua como el vapor de agua, y consigue que las estancias estén continuamente reciclando el aire y expulsando la humedad y los malos olores.

Ahorro energético

Resistencia térmica e inercia térmica se suman para mantener temperaturas agradables y soportables a lo largo de las estaciones.

En climas templados se consigue calentar la vivienda con medios “mínimos” que son usados muy pocos días al año. El aire acondicionado para generar frío deja de ser necesario.

En climas extremos, los medios necesarios han de tener menos de un 50% de la potencia que se necesitaría en obras tradicionales, y las horas/días de uso se reducen en al menos un 50%.

Durabilidad

Los componentes de los bloques de cáñamo garantizan la durabilidad de las obras en el tiempo.

La cal carbonata vuelve a convertirse en piedra con el tiempo, sigue absorbiendo CO2 de la atmósfera y permanece inalterable a lo largo de los siglos. Obras hechas con cal hace 5.000 años permanecen intactas.

La cañamiza no contiene proteína, por lo que los roedores no lo atacan.

Además, no se pudre y tiene la más alta clasificación de resistencia al fuego y a los temblores sísmicos.

Confort y Bienestar

La sensación de confort solo se consigue dentro de ciertos límites de temperatura y humedad relativa. Por encima o por debajo de ellos se siente malestar. Y eso es precisamente lo que se consigue en una vivienda aislada con cáñamo.

El aislamiento térmico mantiene la temperatura interior dentro de límites agradables al cuerpo humano.

La permeabilidad al vapor de los muros hace que el nivel de humedad relativa se mantenga entre 30-60% aportando sensación de frescor. Las estancias transmiten a través de los muros excesos de humedad y malos olores.

El cáñamo, a diferencia de otros materiales como el serrín de madera, no desprende polvo, por lo que no entra en contacto en el aire y por tanto, no produce alergías.