FABRICACIÓN

El cemento natural de fraguado rápido, impropiamente llamado « cemento romano » en sus inicios, es el primer cemento en el sentido moderno del término y ha representado, en su momento, una revolución tecnológica.

Los cementos naturales o cementos romanos están en el origen de numerosas construcciones del siglo XIX. Eran apreciados por 4 razones fundamentales: rapidez de fraguado, resistencia de los morteros, estética y durabilidad de las obras.

Desde los famosos morteros romanos, mezclas de arena, cal y puzolanas, no se hizo ningún progreso en el campo de los ligantes hidráulicos hasta finales del siglo XVIII. Fue en Inglaterra donde se hicieron los primeros avances: Parker depositó, en 1796, una patente sobre la cocción de nódulos de margas. Fue una invención notable: demostró que a partir de una caliza con contenidos de arcilla muy superiores a los de las cales, cociendo a baja temperatura (por debajo del punto de fusión), podía fabricarse un ligante mucho más hidráulico que las mezclas de cales magras y puzolanas usadas en aquella época, sin necesidad de apagar (hidratar) la piedra cocida, era suficiente con molerla. A principios del siglo XIX este proceso se extendió por toda la Europa continental, y más adelante en los Estados Unidos de America, a partir de la cocción de margas (calizas arcillosas). A este cemento se le llamó “cemento romano”, siendo inapropiado el término “romano”, ya que no se trata en absoluto de un re descubrimiento de los morteros que hacían los Romanos.

En el siglo XIX se creó una gran confusión de nombres, al mismo producto y del mismo sitio, se le llamó: cemento natural, cemento rápido, cemento romano, e incluso cemento-yeso.

La denominación más apropiada sería pues “cemento natural rápido”.

El enorme éxito que tuvo desde mediados a finales del siglo XIX se explica:

Porque aporta una solución económica y duradera en la decoración de fachadas. Imita a la perfección a la piedra tallada con un coste muy inferior y respeta un color natural que va del amarillo ocre al marrón. Puede utilizarse sobre soporte de ladrillo para elementos como cornisas hechas in situ, o bien en prefabricados de hormigón imitando la piedra.

Porque su propiedad de hidraulicidad rápida permite soluciones eficaces en las obras artísticas, especialmente cuando están en contacto con el agua.

Porque facilitó la puesta en marcha de la prefabricación, sobre todo de los conductos de agua: los tubos de cemento natural tenían una resistencia a las aguas agresivas muy superior a la de los cementos Portland de la época.

Porque es un producto de fácil fabricación.

Es fácil de fabricar

La materia prima se encuentra fácilmente, ya que la cocción a baja temperatura (bajo el punto de fusión) permite utilizar margas o calizas arcillosas con proporciones de arcilla que van del 22 al 35%, de las que hay yacimientos abundantes. Aunque Louis Vicat demostró en 1817 que se podía hacer un cemento similar con una mezcla artificial de arcilla y caliza, los medios de molienda y el coste de la energía hacían impracticable la mezcla íntima de estos componentes a coste razonable. Motivo por el que se prefería usar margas que, de forma “natural”, ya tenían ambos elementos, la arcilla y la caliza.

La técnica de cocción era la misma que la de los hornos de cal, sencilla y disponible. Al contrario que las cales, el cemento romano no necesita ser apagado por carecer casi totalmente de cal viva, es suficiente molerlo para su uso.