HISTORIA

Los primeros aglomerantes del tipo que hoy llamamos cementos fueron elaborados en la antigua Grecia utilizando tobas volcánicas. Posteriormente los romanos, siglo I, fabricaron cementos que han resistido milenios bajo agua de mar (los cementos Portland no soportan más de 60 años esas condiciones). Todavía subsisten, en diferentes partes de Europa, obras realizados por los Romanos durante su Imperio: puentes, acueductos, teatros, … y muchas otras edificaciones, de carácter público o privado, que han resistido el paso de los siglos y se mantienen en pie a pesar del tiempo transcurrido y numerosas catástrofes naturales.

Los Romanos tenían una receta simple, unir las piedras con un material, fabricado por ellos mismos, esa acción recibía el nombre de “cementar”, de donde deriva la palabra “cemento”. Los ingenieros viajaban con las legiones y levantaban estas obras allá donde fueran necesarias por distintas razones, estratégicas, transporte, abastecimiento de agua, …

Louis Vicat

Lamentablemente, esa “vieja receta” para fabricar cemento se perdió con el último ingeniero romano y, durante 14 siglos, la humanidad realizó todas las obras con cal, yeso, y otros materiales de baja resistencia y endurecimiento lento. Los problemas se podían resolver mientras se tratara de obras corrientes, pero cuando se trataba de obras sumergidas o en zonas húmedas, por tiempo frío, o sometidas a esfuerzos violentos, las dificultades resultaban insalvables.

Tiene que llegar el año 1758 para que John Smeaton descubra que mezclando una puzolana y una caliza con alto contenido de arcilla se lograba un aglomerante con resistencia al agua de mar y altas prestaciones mecánicas. Es el punto de arranque de una serie de descubrimientos que pondrán a disposición de la humanidad una nueva forma de construir. Pocos años más tarde, y casualmente, James Parker creó un nuevo tipo de cemento cociendo calizas arcillosas. Este cemento recibió el nombre de cemento romano, creyendo erróneamente que era similar al fabricado por aquel pueblo; sus ventajas hicieron que la fabricación del mismo se expandiera rápidamente, su uso se generalizó en toda Europa y Estados Unidos. Todavía hoy subsisten fabricantes y las obras hechas con él mantienen su durabilidad, miles de ellas, desde la Galería Vittorio Emmanuelle en Milán hasta el puente de Brooklyn.

Puente de Alcántara

Puente de Souillac

En los albores del siglo XIX confluyen en Europa una serie de factores que hacen imprescindible la construcción de nuevas vías de comunicación y, por lo tanto, de puentes para cruzar las vías de agua.

Por una parte el comercio entre naciones se ha incrementado de forma vertiginosa y el transporte de larga distancia se convierte en una necesidad. Por otra, la Europa de principios de ese siglo vive una serie de guerras entre naciones que tratan de expandir sus dominios, la movilidad de los ejércitos es crucial en la guerra y determina, frecuentemente, los resultados.

Paralelamente ha surgido una potente comunidad científica que ofrece nuevos descubrimientos a la Humanidad y se plantea nuevos retos a diario. Uno de esos retos es precisamente recuperar la antigua receta del cemento.

Louis Vicat, un joven Ingeniero de Caminos, recibe el encargo de Napoleón, en 1812, de construir el puente de Souillac sobre el río Dordogne. Un río violento, con fuertes crecidas por las aguas del deshielo, y con un fondo arenoso en el que resulta difícil asentar una obra.

De carácter metódico, inicia, desde el primer momento una serie de investigaciones que le permitan disponer de un aglomerante hidráulico resistente y fiable. Louis Vicat mezcla calizas con arcilla, los cuece juntos, los muele, y extiende esta pasta bajo el agua, para constatar que, después de unos días, la mezcla endurece al combinarse con el agua. Louis Vicat acababa de lograr un descubrimiento capital para la Humanidad. Las conclusiones de su trabajo son presentadas en la Academia de Ciencias de París, en 1818, bajo la supervisión de sabios tan ilustres como el propio Gay-Lussac. Pocos años después, en 1824, el puente de Souillac se convierte en realidad. El puente se apoya sobre zapatas de hormigón fabricado con el cemento puesto a punto por Louis Vicat. En los años sucesivos la presencia del ingeniero Vicat es requerida para la construcción de importantes obras que llevan su firma.

En 1842 se construye la primera fábrica de cemento propiamente dicha -comprada posteriormente por VICAT- y no es hasta 1853 que Joseph Vicat, hijo de Louis, construye su propia fábrica en Genevrey-de-Vif, siguiendo los consejos de fabricación recibidos de su padre.

Desde entonces la Sociedad VICAT ha seguido creciendo y aportando nuevos descubrimientos en el mundo de los cementos. Hoy, presidida por Jacques Merceron-Vicat, bisnieto de Joseph, ocupa el tercer lugar en el ranking de cementeras de Francia.

Jacques Merceron-Vicat